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“De nuestra verdadera ciudad, Coronel, no quedará nada en la memoria sino la vaga imagen de un atolondrado mar verde ajeno, de un frondoso bosque que agitaba sus armas ante la brisa marina, y el cantar de un sinnúmero de pájaros llevando trinos cada amanecer.
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¡Cuántos inviernos!, ¡Cuántos veranos, ¡Cuántos obreros!, Cuántos agricultores!, ¡Cuántos ferroviarios!, ¡Cuántos carreteros!, ¡Cuántos senderos!, ¡Vaga imagen de un polvoriento pueblo negro y lejano!.
Sin embargo, este pueblo asentado en pleno corazón de Chile, será el lugar geográfico e histórico que marcará vivencialmente por más de un siglo a toda esta gente que de una u otra forma heredó estoicismo y arrojo de la raza, pues, nadie antes, había osado aventurarse en las entrañas de la tierra provisto sólo de pala y picota para arrancarle la piedra negra que llenaría de “calor” sus modestas viviendas.
 
En las medianías del siglo pasado, Coronel tiene todavía forma de campamento. Por sus calles circulan carretas con campesinos ariscos y silenciosos, con mapuches de trajes rituales, tercos y serenos retirados en sus predios. Los almacenes huelen a carne ahumada, a cereales y pan minero, en los patios interiores de las casas cuelgan los cordeles con ropa que destilan polvo de carbón, las chimeneas impregnan de su olor el ambiente y unos cuantos árboles frutales florecen ahogados en humos y piedras.
Hombres esforzados o colonos llegados de otras latitudes poblaron este territorio de apretados y soberbios roqueríos por cuyas laderas sólo el mar reinaba con rito de sal y espumas.
En esta geografía de mar, piedra, bosques, huertos y cosechas minúsculas, nacerán y crecerán las primeras escuelas que comienzan a funcionar en antiquísimas casonas donadas y/o arrendadas por personas afamadas, altruistas, que con alturas de miras quisieron perpetuar sus nombres, y que creyeron que era necesario instaurar la educación de un pueblo que se forjaba por el vigor y tesòn de sus hombres.
Son numerosas las casonas con techos de tejas y largos corredores que se llenaron de la algarabía y juegos de nuestros antepasados, que van creando una cadena de ecos que sin tener grandes montañas para repetirlos, se arremolinan y descienden al mar navegan en la cresta de cada ola que el viento sur se encargó de repetir, y repetir, sin cesar, incansablemente bajo el mar, por la mina.
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Así nacía a la vida, a la tierra, al mar, a la lluvia, la Educación (Minera) Coronelina.
Aunque en las primeras décadas no hay muchos antecedentes respecto a su funcionamiento (planes y programas de estudios, metodologías, etc.) Pero, a partir de 1900 en adelante, y a pasos agigantados, la Educación Coronelina, comienza a dar muestra de una organización renovadora, combativa, de exploración y permanente cambio que avanza a la par con el progreso de la ciudad puerto.
Lentamente y poco a poco, va asumiendo una actitud vanguardista, que va más allá del canto de las avanzadas reformas educacionales que se efectúan.
Esta actitud vanguardista quiere estar en contra de cualquier expresión tradicional de la Educación, de ahí, que el profesorados nacional y especialmente el de nuestra zona, se opone a cualquier progreso e imitación foránea que esté lejos de nuestra realidad, se sienten con la responsabilidad de innovar, de luchar y recrear.
Viene el cambio. Ocurre la ruptura. Se produce el traspaso de la educación estatal a la municipal. Se despierta no sólo una reacción de desconcierto, sino de protesta. La educación se hace impopular, caemos en críticas ácidas. Se aduce que este fenómeno sólo se puede dar en países desarrollados (Suiza, Estados Unidos, Francia, Inglateraa, Suecia, etc.), pero no en un país como el nuestro, con tantos problemas.
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La verdad es que el cambio va, y ya no se puede detener. Al comienzo inseguridad, vacilaciones, desconciertos lógicos, luego comienzan a verse los primeros frutos de él. Aparece una “modernolatria” que parecia ingenua. Pero después comienza a meterse en el corazón del profesorado. Empieza el progreso. Los problemas de infraestructura que atormentaba a casi el 100% de las escuelas coronelinas, pronto se resuelven, se les dota de material didactico en grandes cantidades, se cubren rápidamente las ausencias de profesores enfermos. Se observa pertinencia en las decisiones…”
“…Es interesante reconocer que estas nuevas características de la educación minera la hacen situarse a la vanguardia de la Educación Provincial, esta posición destruye el “mito que sólo las grandes urbes pueden desarrollar una enseñanza de mejor calidad y esto se hace más elocuente en el afán de apoyar, reconocer y valorar el trabajo del profesional de la educación…”
Extracto y Fotografias del libro "Coronel 150 años de Desarrollo Educacional"